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La construcción de la Plaza de Toros de Almadén está íntimamente vinculada a la del Real Hospital de Mineros de San Rafael.

A principios de agosto de 1752, el superintendente de las minas, que por aquel entonces era D. Francisco Javier De Villegas, ante las frecuentes epidemias y la alta mortandad de la población y de los forzados que trabajaban en las minas, propuso la fundación del Real Hospital de Mineros de San Rafael.


Estas epidemias estaban motivadas, entre otras causas, por  la falta de viviendas para albergar a los temporeros que trabajaban en las minas. Este hecho provocó la construcción de 24 viviendas que conforman una plaza hexagonal y que tenían una doble finalidad, evitar el hacinamiento de vecinos en las casas de la localidad – 4 o 5 familias por casa – lo que aumentaba el riesgo de epidemias y aportar, con el alquiler de las mismas, dinero para la construcción del Hospital de Mineros.

Las 24 viviendas, a su vez, conformaban una plaza para la celebración de festejos taurinos y era lugar de reunión para la población en general, con una capacidad de unas 4.000 personas, dedicándose igualmente los ingresos obtenidos en dichos festejos a la construcción del Real Hospital. Para la ubicación de la plaza de toros o “Plaza Nueva” fue elegido el lugar más llano e idóneo, el sitio de la Cruz de Hierro, en las eras del camino de la Villa Real (actualmente Ciudad Real).

Un motivo más para la construcción de la plaza de toros fue la extensión de las labores mineras hasta la plaza donde hasta la fecha se venían celebrando festejos (actual Plaza de la Constitución). Concretamente existe un torno (pozo de mina) ubicado en lo que hoy son las escaleras de acceso a la Iglesia de San Juan. Por este motivo, el arco situado bajo el Ayuntamiento de Almadén es conocido con el nombre de “el toril”, al ser el lugar en el que se enchiqueraban los toros. Al mismo tiempo, y por igual motivo, la calle Antonio Blázquez es conocida en la localidad con el nombre de “la calle de los toros”, por ser ésta la calle por la que se traían los toros para ser enchiquerados en el toril.

Construida la “Plaza Nueva” se establece la realización de un mínimo de seis festejos anuales, con cinco o seis toros cada uno, con el fin de obtener ingresos para  la construcción del hospital.

El superintendente Villegas no esperó a la aprobación por parte de sus superiores para dar comienzo a las obras de la plaza. En un comunicado del 16 de agosto de 1752 informó del inicio de la construcción, a la vez que solicitó permiso para la celebración de los primeros festejos taurinos con el fin de obtener el primer dinero para hacer frente a los créditos concedidos para su construcción por parte de vecinos de la localidad, principalmente oficiales de mina y algunos miembros de la congregación de la Caridad.

Estas peticiones son aprobadas por Real Orden del 28 de agosto de 1752.  El 4 de abril de 1753 estaban hechas todas las paredes interiores y exteriores hasta el primer piso con el fin de celebrar los primeros festejos. El alquiler de las casas, destinadas principalmente a temporeros, comenzó a finales de 1753 con solo 8 casas habitadas y en 1755 estaban habitadas más de la mitad y el número de personas que las ocupaba superaba las 200.

Entre 1755 y 1757 las obras se agilizaron por el paro forzoso de obreros a causa del incendio que afectó a las minas y que duró dos años y medio. En este periodo tanto la plaza como el propio hospital –que comenzó a construirse en noviembre de 1755– se beneficiaron del empleo de un mayor número de obreros en un intento de evitar una emigración masiva.

Las obras de la plaza finalizan totalmente en 1765 con un coste superior a los 320.000 reales de vellón. Posiblemente los primeros festejos realizados en la Plaza Nueva son los referidos a octubre de 1752, cuando se lidiaron 21 toros entre los días 19, 21 y 23 de dicho mes a cargo de Pedro Campanero y Pedro Martín Zancudo, siendo el precio del asiento de un real.

Como dato curioso cabe reflejar que el 10 de mayo de 1754 se promulga una Real Orden por la que se prohíbe la celebración de festejos en todo el Reino. Esta disposición pretendía la recuperación de la cabaña ganadera diezmada por la sequía y las epidemias. Esta orden solo afectó parcialmente a Almadén ya que Villegas, argumentando el destino de los ingresos, obtuvo una dispensa para la celebración de festejos. Ese año se lidiaron en Almadén un total de 35 toros por Pedro Campanero, vecino de Ciudad Real, Pedro Martínez Zancudo, vecino de Almagro, y Raimundo Franco de Torres, alias “El Indiano”, vecino de Ciudad Real que rejoneó dos toros a caballo y realizó otras habilidades en los festejos.

Otra curiosidad de la plaza de Almadén es la de contar con toques específicos de clarín, incluido el toque de muerte, hoy día en desuso. 

Por la plaza de Almadén pasaron, entre otros muchos, Curro Guillén, Juan León, “Paquiro”, “Cuchares”, “Lagartijo”, “Costillares” y Rafael Bejarano. Cuentan que se cantaba en Córdoba una coplilla, en referencia a estos últimos, que decía:

Arrogante Costillares,
Anda vete al Almadén 
Para ver matar bien toros
Al famoso “cordobés”

Las antiguas viviendas se sitúan en dos plantas rodeando el coso, que está formado a su vez por dos galerías en altura, la inferior construida en arquería encalada y la superior por pies derechos, zapatas y tirantes de madera. Finalizada su rehabilitación en el año 2003, hoy día se celebran importantes festejos taurinos y alberga también el Museo Taurino, sala de exposiciones, Oficina de Turismo, restaurante y hotel.


  • Dirección: Pza. Waldo Ferrer, s/n
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